19.10.06

Delirios de una mente que padece sus recuerdos...

Y así fue, una vida por delante sin ella. Me aterra decirlo: no la tendré más... Uno se miente a veces. Esto aflora, se te hace carne. Explota en vísceras de desesperación y te dice que no, que no la vas a tener.
Se me viene el terror de sentirlo, adentro, en la sangre.
Lo siento: siento terror cuando lo siento y cuando lo veo venir, igual, aunque no esté.
No es que me guste. Simplemente lo sé, se desvanece en acantilados letales a los que también temo.
Yo que pensé que el don del temor no se me había otorgado. Ahí lo tenés: hecho y derecho.
Lo que veo se pone pálido como la merca, como la muerte.
Cómo pasa el tiempo mientras uno se besa. Pasa así.
Estuviste besando a alguien y el tiempo no está. Te agiornás a la hora después. Pasaron seis horas. "En este mundo", pensás.
Qué lindo tenerte y besarte. Está bueno, no podés hablar. Es genial...

Sergio A. Iturbe
18/10/06

Carta para leer en presencia de "cierta" "gente".

Por medio de una amiga, le hacés llegar cartas a la persona a engatuzar, hasta que esta persona se enamora. Es este el momento de darle la noticia de que los escritos no son de tu amiga sino tuyos. Así, el amor se traspasa de "supuesto" autor al "verdadero" autor. El amor se transfiere a su vez. Fin del engatuzamiento. (La literatura, ¿será transferible de autor en autor, o es lo escrito por el primero que te lo escribió o te lo mandó? ¿Quién es el autor? ¿Yo? ¿Vos? ¿Ella? ¿Lo saben? ¿No?... Una lástima, esto se termina acá. Chau. Nos vemos en el infierno de la indiferencia... Te espero...
Sergio A. Iturbe
18/10/06

14.10.06

Prosa avinagrada de cerveza caliente.

¿Podremos redactar una carta del infierno? Bueno, pues ¡buen día! Bromea un rato siguiente narrador... Y sin embargo uno podría pensar, no sin una reminiscencia de rencor, que los patos no han sido los mejores narradores del Club Literario de los Bípedos Plumes. O eso dicen... mercancía florentina sin escrúpulos raciales...
No nos demos vuelta y devolvamos los poderes y los límites. Sobremos de metáforas y seamos simétricos bienaventurados. Así lo conoceremos... sí que lo haremos.
Gran pecado preambular, prosperidad lingüística. Sin motivos para hablar.
Y no. O habría que poder conformarse con los noes, los quizases y los peores de todos, los talveces, los quiensabes. Entregarse a ellos sin limitaciones ni temores. Gozar de la posibilidad, abusarse de la probabilística y cometer estupro con las potencias.
Dormidos protocolares, sin presente y sin arribos. Llamados a la letra que protagonice una salida sin destino. Práctica respiratoria, de brazos cruzados en un prospecto de laxa semiología madrugal. Principio de intención agotado.
Negros y cilíndricos. Intenciones que por accidentes húmedos me salieron varoncitos. Allí yacen acabados, mis orgullos, junto a las almas de los héroes, los pecadores y los Dioses advenedizos. Duermen sin paz y mueren en la desesperación. Por la mañana leeremos y recuperaremos viejas muertes.
Una muerte más, la de todos los días. ¿Las exquisiteces al amanecer? -No sé, pero la exquisita humedad, anhelada en la nada, mañana amanece y, detrás de orejas aturdidas, vuelve a soñar.

Realizado por Analía Bastos, Sergio A. Iturbe y
Germán A. Díaz el 14/10/06.
Una madrugada mojada y feliz de tantos sapos y
cigarrillos mojados.

12.10.06

Diseño de un cadáver...

La verdad es esta: se movió el piso y me caí. Dos tropiezos, una caída.
Y si fue antes o fue luego de... o fue fuego de un hogar o una cueva. Cueva en la que debías estar y no estabas; la de mi alma. Allí debió ser donde me caí -porque no estabas.
No estabas y me caí. Me caí. No era que no estabas... simplemente me caí.

-¿Estás conforme con lo que escribís? -sonó en un metal de sinfonía y cayó-calló en el abismo del silencio...
- Difícilmente, demonio o creatura antropomórfica merecedora del más íntimo aborrecimiento. Jamás he (hemos) podido proferir exclamaciones de ningún tipo. No he (hemos) cantado odas ni recitado bucólicas armonías, no hemos escuchado zampoñas ni orquestas sinfónicas.
¿Cres que eso es posible?
-Las odas son manantiales de palabras autotélicas, insinuantes. Vienen a sacarnos el sueño y después se van en compañía del alma. o de dos, o de tres. El número no es una categoría que esté presente en esto; de ninguna manera. Vengo a despreciarte en una oda y salís con eso: un desperdicio de incógnitas, de cosas no conocidas. No malinterpretar...
- Imposible. Me respondes desde ti y no de vos. Perteneces -tú, no vos- a una lógica, una ética y una estética (puedes leerlas en mayúsculas). Deberías hablar a un costado o fuera del tiempo. Apartarte -lo diré otra vez- del movimiento y sus avatares, del río... del incesante cambio... del mundo. Y no creas que tus odas llegarán a mis oídos como balas, flechas, palabras. Volverán a mí sólolos sonidos y los ritmos, las categorías llenas y cargadas de tus lágrimas. Pero no correspondes al conjunto circundante, preciso en su concepción estética.
- No, para nada. Nunca me correspondí con ninguna circularidad, ningún contexto. Lo que queda es lo propio, los finales que nunca están, como teleologías inmóviles y perfectas. Vienen, se condensan en el conjunto, en el mundo, y se precipitan en subjetividades, se manifiestan en conceptos de conceptos, metaconceptos vacíos de intencionalidad, salvo la propia: esa sí que no se cansa de estar, nunca. No lo esperes. Vienen y te hacen su esclavomás negro que hay, uno que morirá esclavo, clavado en su medio.
- Clap, clap -no son aplausos, podrían ser plop-plops. Serían, en todo caso, simplemente el canto de los manantiales ocultos tras el valle de mis ojos. Somos y estamos. Copulamos y morimos, también, pero sobre todo morimos.

Escrito en una muestra de diseño industrial
el día 07/10/06 por Germán Alejandro Díaz y
Sergio Alejandro Iturbe, en un estado
que envidio en este momento de publicar...

7.10.06

Cadáver exquisito intitulado de ninguna manera.


Parecía sumido en una actitud extraña que oscilaba entre observar y la muerte. Su electrocardiograma hubiera marcado su muerte clínica, pero también hubiera estado representando la deficiencia instrumental neohipocrática, esa tan irreal, objetiva.
Estaba sentado en una escalinata que, vista desde esta perspectiva extática, bien podría ser de nieve o de algodón.
"TENGO LÁGRIMAS EN MIS OJOS; Y NO ES DE TANTO LLORAR...NO" -pensó-. A su alrededor la imagen no podía abandonar su condición; ese movimiento lento, aceitoso, ese fluir constante, uno de río metafísico, constancia de la inconstancia. Una aberración lingüística sin más nada, ni siquiera un artilugio de eufemismos...
Habría que hacer un tratado acerca de la influencia semántica de los puntos suspensivos, ¿o no...? Aunque podría no ser cierto...
Representar el río con puntos suspensivos, con su función discursiva. Río... Río... Muchos ríos... Uno al lado del otro, sin pausa... Variaciones de colores inverosímiles.
Cansancio molesto: ese que es reacio a los libros y a los cigarrillos. Ni siquiera al descanso del "Mañana voy a poder dormir".
Visión borrosa: difusión de los planos entre sí (vertical y horizontal) transformando cada caracter, espacio e incluso punto, en una única cosa amorfa y tal vez perfecta, un omphalos de cristal. Impide, entre otras cosas, la alegría y la lectura. Me será vedada por momentos, una lástima... (salto de página)
Viviré en la próxima página... No sé si será esta mi condena, esta la de escribir, tal vez dictarle a mi albacea tristes lamentos de gerontes deshauciados...
Varios lamentos que retumban en tinieblas azuladas, todavía no plasmada en arábigos caracteres, logos condescendiente con la alteridad más lejana.
Voy con el estatus de un molino quijotesco en busca de aventuras químicas, una más entre muchas.
Me voy y te salvas, no hay mucho que decir...
La enfermedad nos desespera; y no nos actualiza. Seremos meras potencias... quizá de vendavales preglaciales que no nos expían de solemnidades arcaicas.
No me voy y mueres en la soledad de las rocas, ésas que no se disuelven en el agua del contexto. Me desesperas con tu insolencia mineral que aguarda una nueva erupción del Vesubio...
"Io sono" -gritaban los habitantes antes de ser devorados por la lava del desconcierto. Baba de caracol... que hierve viscosa a la sola mención de tu nombre.
Pringosa, entre gris ojo y verde ginebra, se desliza entre tus dedos, amorfa, encarnando el acto de voluntad. Tus dedos, decía o decíamos. Tus dedos que guardan una exacta relación matemática entre la belleza y el cigarrillo: "la belleza es igual a la raíz cúbica de la distancia entre tus dedos y un cigarrillo".
Decía o decíamos alguno de los narradores, alguno de los impávidos dioses imperfectos y resentidos por y gracias a estar contenidos en el lenguaje. Lo que decía o decíamos carece de sentido ya. Sí, me molesta recordarlo. Era impúdico y lacónico, una culteranista sentencia de muerte: "La verdad sabe a arena (a conchilla, a ella se referían con un ademán hacia abajo) refregada contra el paladar".
Me palicece tu sombra, y ya no te distingo. Me vuelvo sombra para acompañarte, en una tarde que se va, aunque estés a cuatro pasos de distancia. Uno por cada eternidad...
Me desvelo y te imagino en otras sábanas blancas que dicen todo y nada acerca de mí. Me revientas en el acantilado de tu alegría aleatoria, esa que se despliega en tristezas sempiternas. Siempre con filosofía en la mano, huyo de lo desconocido y me afianzo a tu condena. Verás el día cuando sea de noche... muy de noche... casi como ahora.
Vengo de cenizas mórbidas, incapaces de emanar fétidos hálitos de trascendencia. Un gusano, dos gusanos, cuatro destrucciones. Mucho explosivo plástico en una tienda de alquiler, pocos detonadores en la literatura de turno. Manchas, soy, negra, blanca, gris. Cielo azul. Viento. Antes había lluvia. Escribir. Soledad...

THE END.

Escrito el 23/09/06
por Germán A. Díaz (Damned Poet)
y Sergio A. Iturbe (Mal Avarista)
en Villa Warcalde, en una casa irreal, si las hay...