7.5.07

Texto intitulado por voluntad del autor (Germán Díaz)

("Naranja" por Nicole Etienne)


Humo, aquí y allá. Silencio, humedad, las suciedades del tiempo y el olor a vida, a putrefacta humanidad orgánica, a sucedáneo y segregación, todo eso repartido en proporciones armoniosas, no digo exactas ni equivalentes, pero de algún modo completas y comunicadas.
S. Entra silencioso. Un jirón todo él, un destrozo de existencia por noúmeno. Ajado, pero silencioso. A veces me pregunto de qué modo logra subsistir en él la moral de los silencios, del respeto a los sonidos callados y a las omisiones verbales y onomatopéyicas en general. Un ojo se me abre para saludarlo. Saludarnos es reconocernos en vigilia, primero a nosotros y luego a la alteridad. Pero nada de enajenaciones, sigo en el suelo y el ojo se me abre para saludar a S. S. asiente con la cabeza. «No dormís, veo», dice sin abrir la boca. O tal vez la abre, con esa barba que se ha dejado crecer ya no puedo confiar ni en la telepatía.
De todas maneras no contesto, lo dejo pasar rumbo a la pieza más luminosa que creemos fue una cocina. Huele a alcohol. Yo huelo a alcohol. Todo hiede de esa manera.Siento una leve náusea.
Otra.
Saco una naranja del bolsillo del piloto con alguna dificultad. Es minuciosamente incómodo retirar objetos redondos de cavidades textiles con una mano entumecida y temblorosa, máxime si se pretende mantener la posición símil fetal en la que uno viene a descubrir que se encuentra. En un rincón de una habitación sin mobiliario. Un poco vieja y derruída. Y sí, por supuesto, hay concepciones estéticas en que encuadrar las prácticas vitales. No somos animalitos, somos suicidas. No nos deja de agradar lo bello y lo sórdido simplemente por saber que de nada sirven. Y esto por no ponerme a filosofar, porque es tarea de N., darle y darle al planteamiento teórico de lo que para varios acá no es más que mera resignación acompañada de buenas palabras.

D. chupa asquerosamente su naranja. Últimamente le ha dado por hacer semejantes barbaridades. Ya ni siquiera bebe sucedáneos de semillas aromáticas, ahora etílico de farmacia, puro, en naranjas o pomelos o con agua. Cada día desprecio más a todos. Desde que L. terminó todos resultan más estúpidos. Ya ni les interesa matarse. Algunos, como D. y su asquerosa V. sólo prefieren beber. Y bueno, claro, V. también disfruta de los frutos de la carne, no sólo de whisky vive la peor mujer.
Me cansé. Hasta de esto, hasta de escribir. Hasta de todo. No pasará de mañana. Y no es tendencia a la postergación indefinida, es pragmatismo. Hasta mañana no podré. Hoy prometí a Mara pasar por su casa. Y si muero prefiero que sea después de verla. No porque ella encarne la falta de mácula –ya no soy tan joven como para creer que las mujeres no cagan- sino porque es mi Remanso. Todos necesitamos un remanso. Hasta los asquerosos como D. y S. y V. y M. y también lo fueron L. y U. Todos nosotros.

Ya es mañana. Pasé por lo de Mara y me sentí mal. Hoy no lo haré, otra vez. Odio esto casi tanto como que nadie haya escrito nada entre esto que escribo ahora y lo anterior que escribí. Es asqueroso. Todos lo son. Yo no.

14/7/20..
Estamos bien. Por primera vez empiezo a querer irme, a dejar de tomar, a no tomar más que de la boca de S. porque sé que él no lo dejará y ya no me importa. No me siento débil aquí. No quiero ser la última, pero estoy diciendo tonterías, sé que D. va a ser el último, si sus pomelos no lo hacen primero que él.Y pensar que en algún momento yo… La gente es estúpida, por eso estoy acá, escribiendo, sola. D. duerme en algún rincón de la cocina. Él siempre dice “de lo que fue la cocina”, pero yo prefiero seguir llamándola cocina. En primer lugar porque ahí todavía está la estufa encendida, quemando algo que alguien puso al fuego y que yo no apagaré, no más, preferible que el olor a humo despierte a D. o a alguien más.
S. no vuelve. Se fue esta mañana y todavía no vuelve, y es raro porque no acostumbra a salir y temo que se haya ido de putas con el imbécil de C., otra vez. No es que me enoje, pero me parece que esas cosas no tienen nada que ver con él, que si C. no lo incitara él no las haría. Yo tampoco pretendo que estemos acá, todo el día en el colchón de la sala vieja, cogiendo una y otra vez con D. durmiendo en el rincón, o haciendo ruidos en la cocina, o que V. asomándose una y otra vez. No me gusta que V. se asome y nos mire. No la quiero entender. Me desagrada que lo haga. No es que me disguste por su nihilismo tan grande. No es que piense que S. y ella son parecidos y pueda celarlos por eso. Él no podría apreciar eso porque cree que las mujeres no podemos ser nihilistas. “Que no tenemos autoconciencia” dice. No me enoja. Su machismo es apariencia estética, como le dice D. No sé si seguir escribiendo. Nadie lee esta cosa.

S. se limpió el culo con El Aleph. Cree que me voy a enojar. Era mi penúltimo libro. Hasta que el olor a bilis procesada no se aparte, no intentaré limpiarlo. Ahora me queda solamente Kafka. Si no puedo recuperar El Aleph, se voy a robar Los Demonios. Sí, sería la venganza más perfecta. Lo voy a quemar en la estufa, no mucho, lo suficiente como para que resulte ilegible.
Me estoy riendo. No sé si es una alegría desmesurada de la venganza previsualizada o pura borrachera. Calculo que lo segundo.

Las etologías de este cuadernito son abtrusas, che. No acostumbro a despilfarrar logos por estos pagos, pero ayer, mientras pujaba la moral de D. a fuerza de excrementos literarios, se me ocurrió que nuestra idea podía trascender, que algún presunto sobrino de alguien o algún legítimo hijo de V. podría reclamar nuestro cuaderno. Y trascender. No es mala idea la trascendencia. No por mí, sino por la idea misma, sustancialmente.
Entonces también pensé que el diario íntimo común de dos alcohólicos, un cínico, dos putas, y dos que se murieron antes que D. comprara el cuadernito y las lapiceras, no tiene la fuerza estética que para mí es vívida.Mi literatura será quemada en su totalidad, pero voy a proteger el cuaderno. Particularmente de C., que está graciosamente exacerbando su papel.
Que quede en claro. Lo que pretendo preservar no es la escueta literatura de D., ni las vaguedades de M. Ninguna de esas nimiedades. Estoy hablando del testimonio. O será que es porque ya lo tengo resuleto.

Quemé Los Demonios. A la espera de los resultados.Resultados: S. se rió, dijo que si muerto Dios matamos también a Kirilov –dijo Kiriloff, tal vez para practicar su francés- ya no podíamos quedar sino epilépticos (de insomnes) o muertos. Bebimos toda la tarde.

I think it’s gonna rain when I die. Jajajajaja. Lo que es el destino.

6/8/20..
S. se mató esta mañana. Todavía estoy llorando y ya está oscureciendo. No voy a ser la última, no voy a convivir sola con D. nunca más.
Poco me importa lo que él pensaba de este cuadernito, de no emperifollarlo de literatura ni confesiones psicológicas. Lo amé, verdaderamente, aunque nadie acá crea que tal cosa es posible. Porque ¿cómo se justifica la presencia del amor en una situación de declarada finitud? D. me dijo que esto que hacemos es una exageración de la vida. No le creo. Creo que es una exageración de los aspectos de la vida que más nos gustaban cuado empezamos. La muerte entre ellas. No puedo hablar de la muerte, S., no sin vos, ya no más sin vos… ya no más yo si vos no, no más. No.
No quiero, no puedo seguir más.

S. se mató esta mañana. Curioso, lo escribo y noto que M. escribió la misma frase. Respetando la predestinación, no voy a tacharla.
Esto es peor que lo de L. Ahora estoy solo con V. –intentar describir eso sería menardear la Divina Comedia. M sigue llorando en la sala vieja. C. se llevó el cuerpo de S. al patio. Yo lo ayudé a enterrarlo. No volví a verlo. Con suerte desaparezca. Ya no es gracioso desde lo de L. Me aburren. Hasta V, que debe haber educado en la cama a un par de ángeles y demonios, si no al propio Dios.
Me acordé de lo de “Kiriloff”, puede que sea cierto. Las actitudes del demiurgo resultan burlezcas hasta lo insultante: está comenzando a llover. O S. era Dios, o eran muy amigos. Tal vez el hijo de puta lo lamente. Incluso yo lo estoy lamentando. La inteligencia va a empezar a escasear en esta casa ahora que S. se mató y las naranjas acabaron con buena parte de mi vista y mi capacidad de razonar. Hace meses que no escribo una línea.

Extraño escuchar música. D. ya no sirve para nada. Nada. M. está histérica desde que él se le mató. Estúpida, a eso vinimos.

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