16.1.10

La cena




“Ico, ico, caballito, vamos a Belén,


que mañana hay fiesta y pasado también…”


(La máquina de picar carne –Almafuerte).



El otro día fui a cenar con el que era mi compañero en la secundaria.

Creo que el encuentro surgió una vez que nos encontramos en una peatonal de canteros circulares, y en diez minutos hablamos más tiempo del que habíamos hablado durante todo el colegio, incluyendo los recreos.

Ante la simpatía imprevista de mi interlocutor –otrora un imbécil consumado- quedamos en que nos juntaríamos a comer algo en algún lado la semana siguiente. Las excusas fueron posibles negocios que combinarían nuestras aptitudes profesionales, aunque en la cena, una semana después, ni siquiera se insinuó el tema. Por eso les llamo excusas, ahora.

Nunca imaginé que al restorán asistiría con su hija, que en aquel momento tendría unos cuatro años y puede que los siga teniendo. Lucía una pollera que a una adolescente le hubiera quedado eficazmente provocativa.

Él tenía el aspecto clásico del empleado bancario after office, con su camisa arrugada, la corbata desajustada y los dos primeros botones desprendidos. El saco viajaba en su antebrazo derecho, y más que saco parecía un repasador usado. Calculé que el olor guardaría una correspondencia con su aspecto. La camisa, indicio de su profesión, iba arremangada hasta antes del codo; y la mano izquierda sostenía una delicada manito derecha.


**********


Ya me había acomodado en una mesa adyacente a la ventana que daba a la calle, y cuando giré los tenía casi encima. La nena, sin preludio, me abrazó y besó ruidosamente. El padre, un poco más prudente, me estiró la mano de una manera que consideré artificiosa, pero que se debía a la incomodidad fruto del afecto desmedido de su hija.

Todo el tiempo que siguió a la introducción se desenvolvió entre anécdotas del colegio, rebeldías adolescentes, fiestas multitudinarias. El vino corría como un río dispuesto a ahogarnos. En un momento pensé en la nena que nunca dejó de clavarme sus ojos verdes mientras apoyaba su mentón en su pecho. Prudencia con el vino, es lo que pensé como siempre me pasa desde los treinta años.

En un momento de la noche, la nena empezó a jugar en la alfombra del piso, debajo de la mesa. Mientras, yo charlaba distendidamente con su padre. De vez en cuando sentía un roce en mi zapato, pero no le prestaba atención. No había por qué.

Al rato, el padre se levantó para ir al baño porque una albóndiga había rodado a lo largo de todo su pantalón gris claro. Me reí para amedrentar su torpeza. Antes me dijo que en caso de que se pusiera molesta, que le cantara la cancioncita infantil que dice


Ico, ico, caballito…


**********


La nena, ni bien el padre desapareció, se me subió encima, mirando hacia la ventana y dándome la espalda. Yo, condescendiente, empecé a moverla, a lo que respondió dándose la vuelta y poniendo una pierna a cada lado de la silla.

Traté de sacarla de esa posición que me resultaba algo incómoda en vista de la cantidad de gente que había en el lugar. Sin dejar de mirarme y de sonreír, se me subió a una de mis rodillas. Su movimiento, al hacer fuerza al compás del Al paso, al paso, al trote, al trote, al galope, galope, galope, marcaba rítmicamente sus muslos y pantorrillas. Mientras, me miraba, sonreía y mordía su labio inferior. Se mostraba brutalmente entusiasmada.

Al rato, el padre volvió sacudiéndose la aureola que le había quedado en el pantalón como si el agua y el aceite se fueran de esa manera. Con la nena todavía encima, lo miré con férrea culpa.

Motivado por la situación, moví la cabeza a un lado y a otro como volviendo a reírme del percance, mientras me desencajaba a la niña de mi rodilla.

Seguimos hablando como si nada hubiera pasado porque, eventualmente, nada había pasado. Cuando me pude levantar para ir al baño la nena me agarró el zapato con ánimo lúdico. Me solté y me fui. Cuando volví, él estaba mirándome. Al bajar la vista, se empezó a reír.


-No soy el único torpe, veo- me dijo, riéndose con malicia y señalando una aureola en mi pantalón, cerca de la rodilla.

- Salsa que no has de beber, déjala correr –respondí riéndome también, al mismo tiempo que intentaba no pisar dos piernitas torneadas que se dejaban ver debajo del mantel.


Sergio A. Iturbe

16/01/10



7 comentarios:

Anónimo dijo...

2 expresiones para decir;
Una de ellas te encanta: " Sos un hijo de puta"
Suculenta imaginación .. Alguna vez alguien dijo .. En algún lugar que no recuerdo.. O tal vez fui yo.. Aunq lo dudo porque soy reacia al psicoanalisis.. but..
Alguien dijo que a veces nos ocultabamos nuestros deseos más oscuros incluso a nosotros mismos.. puesto que .. No sé.. Nos produciría asco admitir incluso la posibilidad de esos deseos.. Aunq sólo sean deseos...
Te desean las niñas..
Suculento el cuento !
Me gustó !
Sos un enfermo !! Torpe aun con los propios deseos...
Mjszz!

Demon/Cleaner dijo...

Suele pasar que se oculten los deseos, tenés razón, pero hay que hacer una salvedad en este caso.
Por más que uno pueda deducir -y con razón- que lo expresado en este cuento sea manifestación de los deseos del autor, no es bueno identificar la ficción con el que lo escribe de manera tan directa.
Pasa a veces que la primera persona confunde un poco, además de las anécdotas que se pueden confundir con las del autor, pero fijate que se trata de distanciar un poco: primero por la edad, por su interés en los negocios, etc.
Así y todo, me parece que la situación que SUFRE el personaje no puede ser atribuida a una perversión, ya que él no lo decide, simplemente le pasa y se queda shockeado.
Es posible que el personaje se haya excitado un poco con la nena encima, pero no es su culpa: disculpalo.
Me gusta, así y todo, que varios se hayan excitado con "semejante barbaridad".
De todas formas estamos condenados al infierno por muchas otras cosas.
Gracias por comentar!

Anónimo dijo...

Sii Sin dudas iremos al infierno por otras razones...
Yo no rendí Lógica I ... that´s a reason ! But .. Sí el personaje se ve allí sujeto a ése devenir inevitable en el que los jugueteos de la pequeña lo sucumben y rodean..
Sii Aunque en modo de chiste yo extendí la apertura del cuento hasta hacia el autor..
Pregunto .. y qué sucede si casualmente Uno conoce al autor ..
Y aún así no se puede distinguir del personajes..
El autor es un personaje..
Y dialecticamente constitutivo a la inversa ! Sí de manera condensada te desafío a escribir..
Vos con tu sangre Y yo haré lo propio ..
Autor o personaje ?? cuál es la diferencia ?? Ficción ? Wass ist das ?
Mjszz

Demon/Cleaner dijo...

Ah, la mierda. Qué pregunta.
El autor, para mí, puede que no exista, porque en definitiva hay un imbécil que te edita o un blog que mantiene todas esas letritas mientras uno duerme, por lo que podríamos deducir la independencia de una cosa de la otra.
El personaje es una pobre víctima de esa falta de existencia del autor.
Y el problema sigue siendo el mismo. Somos los personajes de algo que no existe y por ende tenemos que inventar. Entonces terminamos inventando nuestro autor, nuestro personaje y todo es una puta ficción!
Pero lo peor es que puede que no! Que nada lo sea!
Imaginate que todo sea verdad!
Para los que piensan así deben existir las drogas...
Nada más, por hoy.

Lola gomez dijo...

"lo comprendo y deseo continuar"
que perverción de relato!
igual parece tan real; es una mujer: tiene piernas de mujer labios y ojos de mujer.. cuál es la distancia?
dónde está la inmoralidad?
en la realidad o en la ficción?
"imaginate que todo sea verdad"
que miedo!

me llaman Flor dijo...

ah bueeeee (no me esperaba menos)

Demon/Cleaner dijo...

Muy profundo el comentario! Gracias!