2.1.11

Cómo me hice linyera


No tuve opción. Siempre llega el momento trágico en el que uno no tiene opción.
Era muy chico, estaba en mi casa con mi papá, mi mamá y mi hermano menor. Ellos eran la única familia de que yo disponía. No tenía amigos.
Recuerdo que estaba lavando un vaso y oía el ruido que hacía el agua al caer al desagüe. Imaginaba las tuberías podridas y el agua sucia cayendo a la cloaca.
Mi mamá, que justo estaba haciendo un bizcochuelo, me mandó al supermercado, a tres cuadras, a comprar harina.
Me puse las zapatillas, crucé el pasillo, vi a mi padre frente al televisor prendido y salí. No me apuré y me quedé viendo a unos cachorros en una veterinaria, pese a que mi mamá estaba apurada y el horno ya estaba prendido.
Cuando volví a mi casa, no pude encontrarlos. Donde antes estaba la casa sólo había yuyos altos, más altos que árboles medianos. Fui a la casa de uno de mis vecinos, preguntando qué pasaba con mi casa, con mi gente. No supieron responderme y te diría que ni me reconocieron.
Desde ese momento vivo acá, en este baldío. Acá estaba mi casa. ¿Ves eso, ese hueco circular? Bueno, ése es el desagüe del que te hablaba. No me explico cómo crecieron tan rápido los yuyos. Tampoco entiendo por qué no me avisaron que se iban, si les dije que volvía rápido.

1 comentario:

Petrovich dijo...

No me acordaba de este. Un beso. Chau.