23.12.06

Sucedáneo de muerte.

La muerte es vida vivida,
la vida es muerte que viene,
la vida no es otra cosa
que muerte que anda luciendo...
Jorge Luis Borges.




¿Manantial de muertes en la literatura, en los planteos que suceden a la percepción de hojas impresas?
Pareciera que es el simulador más perfecto de que disponemos para sortear las dificultades cognitivas que advienen de la supuesta ignorancia fáctica de la muerte...
Cuando la literatura deja de ser eso a lo que se llama diversión para tornarse un flujo hidrográfico de existencia atrapada en celulosa no interviniente en una que otra aporía eleática de tiempos infinitos, que podrían estar encerrados en duras bibliotecas empolvadas de inexistente ayuda humanitaria, ahí es cuando la empedrada eternidad vacía su contenido de átomos temporales para dejarnos solos en una ráfaga de desaliento que enluta al más jovial de los ingenuos.
Se preponderan algunas emociones catárticas, se nihilizan las las tantas veces transitadas esperanzas, y amanece la muerte teórica que tanto nos cuesta distinguir de las carnes en proceso constante de degradación fétida, que pierde su significado de hecho, para transformarse en muertes que se leen y se experimentan mientras uno pasea su mirada de izquierda a derecha en pasta de arboledas pobladas de insectos invasores ordenados en fila.
Será la actividad combinada de lectura reticente con fatales experiencias ajenas pero ahora propias como una muerte más en nuestro haber. (Aludo con "fatal" a dos sentidos: el que deja entrever la imposibilidad de lo imprevisible (el destino, el fatum, lo-siempre-ya-escrito); y el que nominaliza lo que tiene de objetiva y de asintótica la experiencia, que vendría a ser la muerte física, con los gusanos, la putrefacción, la Nada y demás gajes de su oficio).
Existencialismos ulteriores, teóricos y otros algo más prácticos, posteriores al aprendizaje de ciertos términos análogos, sinónimos e irónicos, me hicieron aprehender otro juego del lenguaje que se empecina en volver absurdo lo que queda de seguridad en la materialidad de una palabra que, para nuestra salud mental, por lo menos es representable en manchas de tinta consensuadas.
Hablo de la pedagógica asignación del nombre "finalidad" tanto a la teleología más dadora de sentido post factum de estructuras que rutinan a los absurdos, como al término de esta problemática, a la muerte, como el objetivo que devendría si tomáramos en consideración la máxima existencialista del "Être pour la morte", habida cuenta que la esencia de todo hombre, para esta corriente, se termina de completar efectivamente con la muerte, punto final de toda esencialización de acciones y pensamientos.
La muerte me ha llamado otra vez para que la difunda, la desfunda, la funda y la funde, como una nueva posibilidad, para que deje de vanagloriarme de una vida que es muerte a cada paso que da, tan callando...

Sergio A. Iturbe
22/12/06

2 comentarios:

Anónimo dijo...

al respecto ¿qué tengo para decir? haberme perdido entre las vocales y consonantes de la fatalidad que presupone aquella noche hecha texto, deberíamos, como hace un rato dijimos, pensar más seguido en la muerte, no para morir, no para sumergirnos en el pesimismo más espeso e interminable, sino para poder saborear con nuevas papilas gustativas la vida, que brota por cada uno de los poros de nuestros encuentros, que, aunque inquietantes, siempre me dejan con la cabeza girando a mil revoluciones por segundo... si esa noche morimos, si esa noche moriste, no al otro día, pero algún día renacimos... I

Mal Avarista dijo...

Comentario de Analía a la cuestión:

sí, volverse en un segundo existencialista, pesa..., un segundo de existencialismo, también...

Lo que en verdad se ha plasmado es una especie de diferenciación, no tan implícita, sino más bien explícita. Hablando de muerte uno tiene que coordinar ciertas valoraciones, escatológicas y semánticas, para navegar con gracia espiritual sin tempestades...
La cuestión es que has tallado una forma de ver lo que hace meses varios colegas vemos, la muerte como encanto...espanto y vibración alarmante en la vida...sólo eso, configura un dogma trazado por la viva y muerta costumbre (de la casa).

ANALIA