29.5.08

Toc (Cadáver exquisito)


Al caer, la anciana podría haber rebotado en el asfalto. Alguna propiedad física hace que lo vertiginoso de la caída se apague ni bien toque el suelo.
Una mancha oscurece el pavimento.
¿Por qué se quita la vida una persona de setenta años? El inquisidor es uno de los que, como yo, vieron el espectáculo. No sé, le corresponde una voz femenina a mi derecha. Ahí viene la segunda.
Esta era voluminosa, cacheteó el suelo con su piel rellena de grasa, y quedó con media cara contra el piso, el pelo un poco largo revuelto y cubriendo la mirada con sangre. Uno de los niños notó el marrón de su corpiño descomunal, y tuvo una arcada. La madre posó su mano entre su cabello y se la restregó. Todos volvieron a mirar para arriba.
Un resabio de mujer, de la mitad del tamaño de una, bajaba precipitadamente cortando el aire. Al mismo tiempo sentí el viento en la cara y traté de imaginar la sensación. El sonido seco atrajo mi vista como un reflejo mueve a un pescado.
Parecía mirar una incongruencia: un hilo bordeaux pendía del lagrimal, la retina opaca, desarticulada de su función de mensura, contemplación del eco que todavía retumbaba en los edificios, inercia de la explosión viscosa. A manera de una sandía, retoñaba coágulos por una grieta de pelos de gelatina. Confusión. No pueden detener de sus convulsiones al que se encontraba a centímetros de la decisión –o tal vez una súplica, quién te dice-. Grita vocales, gorgoteando la mucosa del impacto. Hubiera imaginado a la muerte algo más líquida, menos concreta. Grita porque se le presenta así: densa, física, casi clínica.
Con la cuarta se dibujaron las incógnitas en nuestros rostros. La altura de donde provenían estaba oculta en lo opaco del cielo comiendo los contornos de las altas torres. Había, en algunas cejas por ejemplo, temor. Posiblemente al no encontrar parangón cirquero para la lluvia de viejas. Algún anciano podría intentar inventar el recuerdo, pero no pude divisar a ninguno en la maraña de cabezas. Tal vez habían previsto el rito y no acudieron para no sensibilizarse. Finalmente, pertenecen a esa última raza humana carente de características justamente propias a la humanidad, principalmente el sexo. Tal vez eran la siguiente parte del número.
Toc.
Se suele tomar al suicidio negativamente: niega la jovialidad, la trascendencia y hasta la concha de su puta madre (La Psicología se encarga de los presupuestos e influencias familiares). Moralina. La cara, aunque sorprendida, no sugiere desesperación.
Está bien que se reventó el cerebro, que ya no cabría en la cavidad otrora asignada. Los rasgos están desfigurados por el impacto, aunque se improvisa una fatalidad trágica en sus intenciones. “Ya no le quedaba nada por hacer”, proponen.
Es lo que hacen cuando no quieren estorbar: ruido.
Toc.
E incluso la escena iba mereciendo los aplausos. El área de unos tres metros cuadrados donde iban quedando depositados los restos iba adquiriendo tonalidades insospechadas. Hasta las caídas, indefinidas en número, diferentes en intensidad, una muerte particular para cada anciana, un fondo que más de fuegos artificiales era de explosiones orgánicas. Seco el sonido a hueso pulverizado y a riñón estacado por costilla: Toc. Húmeda mi sonrisa, y la inconmensurabilidad de la escena.
Yacían depositados cuerpos como para merecer ser ubicados en categorías como docenas. Un semicírculo de gente rígida los rodeaba a prudencial distancia, evitando los más curiosos los eventuales salpicones de fluidos. Cada tres o cuatro suicidios, algún escéptico se apartaba imaginando una nueva estrategia publicitaria, pretendiendo arcadas o consultando el reloj.
La cuestión terminó cuando me vi arrojado al vacío por mi propia fuerza, convencido de los efectos homeopáticos del aire de un décimo piso.
Llega un punto en que no se nota la diferencia entre el sabor de la vereda y el del viento.
Toc.

(Escrito por Germán A. Díaz y Sergio A. Iturbe
el 21/12/07 en los talleres gráficos de la Habitación de la
Entropía).

28.5.08

Decisión del público

A raíz del voto del sesenta y tres por ciento de los participantes, me veré en la obligación democrática -y no por ello menos justificada- de irme a la concha de mi madre. Me refiero, claro está, a la cavidad a-lumna.
Es de notar, no obstante, la calidad del público participante. Digo esto por la inexistencia suiza de personas que no hayan leído Leibniz ni Heidegger, cosa que me llena el espíritu hasta el hegelianismo.
No me quería despedir -ya que he desistido de seguir publicando en un blog tan bastardeado por la crítica- sin mandarlos a todos a hacerse culear.
Sin más, los saludo atentísimamente.

El nuevo habitante de la concha de su propia madre.

25.5.08

Gatomaquia (José Fernández de la Sota)

Tú no puedes sentir lo que yo siento
cuando cada mañana me levanto
dispuesto a serme estoico y descontento
de lo que veo no sin cierto espanto

reflejado en la luna del retrete:
un gato frío. Un gato engatusado
por el olor a leche que se mete
de rondón en el hórrido excusado.

Un gato con zapatos y bigote
Un contumaz minino atribulado
Un animal doméstico y sediento

de gata y leche y lecho. Un pasmarote
como tú pero menos encumbrado
que tiene que maullar por su sustento.

23.5.08

Poesía callejera

vos no
así no
porque no
ya no
no y basta

22.5.08

Autoayuda (Leo Masliah)


En una época la gente era muy solidaria, todo el mundo se ayudaba, se daba una mano en lo que cada uno podía precisar. Después poco a poco las cosas empezaron a cambiar, la gente dejó de contar con la ayuda de los demás y le empezó a pedir las cosas a Dios. Y Dios al principio les daba todo lo que le pedían pero después se borró: la gente rezaba, rezaba y no pasaba nada. Entonces la gente como ya no puede contar con la ayuda de la demás gente ni con Dios, se inventó el camino de la “auto-ayuda”. Hoy en día es la única manera de manterse siempre a flote: nadie puede esperar nada de los demás, los demás siempre te van a hundir.

Por eso hay que practicar la “auto-ayuda”. Pero paradójicamente la autoayuda no es algo que se pueda aprender solo, hay libros por ahí que te dicen lo que hay que hacer. Pero no les hagan caso, porque son libros de autoayuda, sí, pero para el autor nada más. Son para que él gane guita. Las técnicas de autoayuda que proponen esos libros son falsas, son para que el lector se perjudique, y es lógico porque cuando uno jode a los demás, siempre mejora un poquito: aunque sea por la posición en la que queda con respecto a ellos.

Así que bueno, yo tengo acá otro método de autoayuda que me gustaría poner en consideración a ustedes. El asunto es así: yo digo frases y ustedes las tienen que repetir en voz alta. Quizás a algunas les cuesta un poco repetirlas porque no están muy acuerdo con lo que dicen, pero yo les pido que no se fijen en eso por ahora. El ejercicio consiste en dejarse llevar, para practicar siempre hay tiempo.
Así que vamos a probar con la primera frase que es así: “soy una buena persona”. Repitan conmigo: “soooy una bueeena peeersooona”. No sean tímidos, aunque no lo crean repítanlo igual, aunque sea falso. Después se van a ir auto-convenciendo. Vamos a probar con la siguiente frase: “soy una excelente persona”. No tengan un dejo de modestia que les impida superarse. Una técnica para poder decir esto mejor es en la palabra excelente, que tiene cuatro “e”, la tercera la pueden alargar un poco, pueden decir “soy una exceleeeeeeente persona” o la “n” que sigue:
“soy una excelennnnnnte persona”. Enfatiza más la idea.

La siguiente frase: “los demás son una basura”. Se lo pueden decir a quien tienen al lado si necesitan material para inspirarse, pero de todas maneras esa frase cuesta mucho menos, genera un poco más de convicción. Sigamos: “yo no lo soy, si basureo a alguien es porque él primero basureó”. La frase es larga pero apréndansela porque es muy importante. Pueden tomar nota de esto, así repiten estas frases en sus casas, y sería una pena porque son muy importantes. Igual que esta otra: “todo el mundo, en mayor o menor grado, me jodió; todos tienen su parte de responsabilidad de la situación por la que estoy pasando”. No los veo anotar, se están perdiendo esto que es la médula de la parte interpretativa del asunto: porque para poder salir del pozo en el que estamos, lo primero que tenemos que hacer es entender cómo fuimos a parar ahí. Recién después vamos a poder tomar las medidas que nos conduzcan a superar esa situación, situación que a esta altura la podríamos resumir tal vez en la fórmula “todo el mundo me jodió”.

La actitud que vamos a contraponer a eso esta dada por esta frase: “ya que todo el mundo me jodió, yo tengo el derecho de joder a todos”. Anoten eso por favor, pero no lo repitan en voz alta porque sino el que tienen al lado puede empezar a sospechar que ustedes le van a hacer algo. Pero el quid del asunto es: “tengo el derecho de joder a todos”. ¿Y cómo puedo ejercer tal derecho? Muy simple, con la siguiente
frase: “voy a joder a todos”. Repitanla, pero en voz baja, esa frase, mientras van planificando la forma de llevarla a cabo; y planifiquen con total libertad, dejen de lado cualquier escrúpulo. Recuerden que esto es nada más que un ejercicio, un ejercicio de auto ayuda.

Si les preocupa el daño que podrían causar a los demás, están meando fuera del tarro. Porque acá no se trata de los demás, se trata de uno mismo. La caridad bien entendida empieza por casa. Además ustedes no se pueden preocupar por los demás porque los demás ahora ya vimos que tienen quien los ayude: se tienen a ELLOS. Y ustedes se tienen a USTEDES. Eso no quiere decir que de vez en cuando uno no le pueda tender una mano a otra persona. Sí, se puede hacer, porque sirve mucho de práctica. O sea, todos los errores que ustedes cometan cuando ayuden a otro, después cuando necesiten hacer eso a ustedes mismos, ya no los van a cometer, les va a salir mucho mejor.

[Gracias, Flor, por el texto]

20.5.08

Prestaciones de un Nokia 1100


Dramatis personae.
Ciudadano.
Paria.

[Son como las cinco de la mañana. Ciudadano viene bajando por una calle desolada. Por detrás viene Paria, que hiede a alcohol y a Poxi-ran (con tolueno). Alcanza a Ciudadano y le cruza el brazo por el cuello.]

Paria. -Dame el celular, pedazo de mierda. Dámelo o te quemo.
Ciudadano. -Pará, loco, tranquilizate. Es un Nokia 1100. No me lo vas a robar...
Paria. -¿Eso a vos qué puta te importa? Te dije que me lo des.
Ciudadano. -Bueno, tomá, pero soltame.

[Paria lo suelta, después de lo cual Ciudadano le da el celular. Paria intenta prender la linterna (apretando la "C", obviamente). Forcejea como pretendiendo que funcione de acuerdo a su voluntad. La luz nunca se prende.]

Ciudadano. -No, la linterna no anda. Me lo vendieron con la luz quemada.
Paria. -La concha de tu puta madre... lo que me faltaba.

[Revienta el celular contra el asfalto. Corre hasta una plaza, de las que tienen banquitos y, sentándose en uno de ellos, llora desconsoladamente. Se prende la intermitencia del alumbrado público. Para de llorar. Mira la luz maquinalmente. Sonríe. Escupe el chicle que masticó toda la noche y tantea el piso una y otra vez, hasta que amanece. El alumbrado público se apaga. Se vuelve a sentar en el mismo banco. Vuelve a llorar.]

Telón final.

Sergio A. Iturbe
20/05/08

18.5.08

El hedor del infierno (Fragmento de "Retrato del artista adolescente" de James Joyce)


El mismo aire de este mundo, este puro elemento, se hace hediondo e irrespirable si ha estado cerrado por largo tiempo. Considerad cuál no será la hediondez del aire del infierno. Imaginad un cadáver que hubiera estado yaciendo en su tumba, pudriéndose y descomponiéndose, hasta llegar a ser una masa gelatinosa de líquida corrupción. Imaginad este cadáver pasto de las llamas, devorado por el fuego de la hirviente piedra azufre de modo que exhale densas y sofocantes humaredas de nauseabunda descomposición. Y luego, imaginad este pestífero olor multiplicado un millón de veces y un millón de veces de nuevo por los millones y millones de fétidas carroñas amontonadas en la humeante oscuridad, como un hongo monstruoso de podredumbre humana. Imaginad todo esto y podréis llegar a tener cierta idea del horroroso hedor del infierno.

16.5.08

Sobre Macondo (Una hermenéutica etimológica)


(WARNING!!: No se recomienda la lectura del siguiente artículo a niños de menos de 10 a 12 años –dependiendo de la educación que pretendan sus respectivos padres, tutores o encargados- debido a las posibles elucidaciones que podría contener acerca de sus orígenes biológicos y étnicos. También podría echar luz acerca de la mecánica sexual interviniente en la procreación humana y de ellos, por supuesto).

Reflexionar en mis ratos de ocio – que son los más- acerca de este nombre tan emblemático de lo que sería un antihéroe con respecto a la civilización, una ciudad bien arraigada a la tierra, tan alejada de la Utopía de Tomás Moro como lo puede ser la filosofía occidental del pensamiento oriental, me llevó a acercarme a este término de manera más bien etimológica que cualesquiera otras visiones.
Dicho término se podría dividir, para nuestro estudio, en dos partes: Mac + condo.
Podrá parecer muy rebuscado para un neófito en la literatura – porque me parece rebuscado a mí- derivar el nombre de esta ciudad a la que muchos identifican con Cartagena de Indias, una ciudad de Colombia muy pintoresca a los fines turísticos con la que Gabriel García Márquez se lleva muy bien, de la mecánica tradicional de poner apellidos según características individuales que luego llevarán ad aeternum sus sucesores hasta que a un buen señor se le ocurra, siendo hijo único, tener sólo hijas con su mujer.
Se sabe bien que el sufijo “Mac” o “Mc” es el equivalente holandés de la terminación española “ez”, la inglesa “son”, la rusa “evsky” u “ovich”, entre otras. Todas estas significan “hijo de” seguido del nombre con el que empiece el apellido. (Por ejemplo: González = hijo de Gonzalo; Johnson = hijo de John, Stepánovich = hijo de Stepan) La parte que sigue, podría ser una apócope de “condón”, cuyos sinónimos son, a saber: profiláctico, preservativo, forro (desligado de sus usos despectivos), barrera, etc.
Todo esto bien podría ser un equivalente de “Hijo de un condón”.
Se me podría reprochar una contradicción patente en esta consideración: cómo puede ser que alguien sea hijo de un condón, si precisamente este artefacto sirve para no tener hijos. Si es tan obvia la refutación, habría que aplicar el Principio de Caridad y suplantar la palabra “hijo” por “causa”, que es lícito adoptar como análogo, como muchos sabrán. Si el condón es la causa de la maternidad y de la paternidad, se podrá deducir que esta herramienta de divorcio entre el placer y la procreación ha fallado. (Esto es: el condón estaba pinchado o se rompió debido al mal uso o a la incorrecta colocación del mismo).
Ahora sí se puede hacer una aproximación a lo que pueda significar: hijo a causa de un forro pinchado, a su incorrecta utilización o a su ausencia absoluta, es decir, el mal llamado “onanismo”.
La obra “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez, una de las obras maestras del denominado “realismo fantástico”, está situada espacialmente en Macondo, ciudad que funda uno de los Buendía luego de una larga expedición y que geográficamente no existe, sino que más bien es un lugar imaginario, quizás inventado para darle un hálito de fantasía o, al menos, no teñir de cuestiones políticas trilladas su novela por el solo hecho de nombrar algún lugar en concreto.
Psicológica o antropológicamente, el nombre de la obra podría ser un excelente resumen de lo que es la novela en cuanto a sus personajes, por lo que se me parece una buena interpretación, o una buena premonición del personaje al que se le ocurre el nombre, de lo que será la existencia de cada uno de los descendientes.
Puede aseverarse, sin temor a generalizar parcialidades (a inducir), que cada uno de los personajes que intervienen en la obra están solos desde que nacen hasta que mueren, y los que no lo están o pueden no estarlo, se elevan y salen volando por la banderola del baño debido a su belleza sobrenatural o son atados en un árbol en el patio, muriendo allí mismo.
Vista críticamente a la novela en cuestión, haciendo de cuenta que hubiera sucedido realmente, la ciudad bien podría ser un mal aborto, hija de un forro pinchado, emergente de un acto involuntario y hasta contradictorio con lo que realmente acontece como consecuencia de los hechos, esto es, la fundación de la ciudad y la vida de sus habitantes y la de los fundadores de la progenie.
También se puede dar incluso otra interpretación de lo que signifique “Macondo”. Hijo de un forro puede ser hijo de nadie o no-hijo del personaje o ciudad en cuestión, en el caso en que el preservativo haya servido a los fines premeditados. Un hijo de un preservativo puede ser la banalización del acto sexual al no dejar descendencia, un acto desprovisto o desvestido de sus finalidades últimas, un artilugio de la imaginación humana para contrariar sus mecanismos biológicos, para hacer más científica la naturaleza, para desnaturalizar lo que podría enmarcarse en parámetros naturales y no inducidos.
Cuando uno lee la obra, independientemente de lo que pueda querer expresar con el nombre de la ciudad, pareciera que hay algo en la familia, en los genes, o en algún tipo de tradición de padres a hijos que los excluye de situaciones en las cuales podían llegar a ser felices, algo en su constitución interna que rehuye la capacidad ficcional de la felicidad, algo que les hace ver la realidad de manera desprovista de máscaras, quizá gracias a que la muerte y la desaparición está siempre presente, con su consecuente carga de soledad y angustia.

Sergio A. Iturbe
16/03/03

14.5.08

Fiesta de la coacción


Y claro, empezaron los escopetazos, era un barrio de mierda. Al vecino se le ocurrió ser curioso en el trayecto de un cartucho. Pedazos de hueso convexo y masa encefálica por todos lados. Cayó la policía, con sus luces psicodélicas y nacionalistas (celestes y blancas las luces que se ostentaban). Empezó la fiesta rave, en tanto que la música electrónica sugería espasmos en sus adeptos. La cerveza empezó a circular entre los destellos. Cerveza irlandesa, para colmo. De calidad, la cerveza, pero porque eran sudacas. Todo mal. A las cinco de la mañana nos desalojaron, mientras el cadáver era retirado por la Policía Judicial. Me duele la espalda: nunca había bailado tanto. Me siento seguro en la ciudad de Córdoba.

Sergio A. Iturbe
24/01/08

13.5.08

La Comunicación (Por Diego Iturbe y Ramiro Martínez)


[El nombre es póstumo y obedece más bien a la mecánica de alienación artística que a la de propiedad intelectual.]

Porro verde

Ω dice:
siempre tuviste cara de porro verde
Ω dice:
nunca te dije nada
Ω dice:
pero la ocasión se propicia
[Euskadi Ta Askatasuna] (Demon/Cleaner) God Damage Improvement! 卐 dice:
porro verde...
[Euskadi Ta Askatasuna] (Demon/Cleaner) God Damage Improvement! 卐 dice:
qué significará eso...
Ω dice:
ni idea
Ω dice:
pero te puedo garantizar algo
Ω dice:
se siente bien
[Euskadi Ta Askatasuna] (Demon/Cleaner) God Damage Improvement! 卐 dice:
cara de boludo, digamos?

12.5.08

Retrato del artista adolescente (James Joyce) Fragmento


Cuando sentado en su pupitre contemplaba fijamente la cara astuta y enérgica del rector, la mente de Stephen se deslizaba sinuosamente a través de aquellas peregrinas dificultades que le eran propuestas. Si un hombre hubiera robado una libra esterlina en su juventud y con aquella libra hubiera amasado una enorme fortuna, ¿qué era lo que estaba obligado a devolver, sólo la libra que había robado, o la libra con todos los intereses acumulados, o el total de su inmensa fortuna? Si un seglar al administrar en bautismo, vierte el agua antes de pronunciar las palabras rituales, ¿queda el niño bautizado? ¿Es válido el bautismo con agua mineral? ¿Cómo puede ser que mientras la primera bienaventuranza promete el reino de los cielos a los pobres de corazón, la segunda promete a los mansos la posesión de la tierra? ¿Por qué fue el sacramento de la eucaristía instituido bajo las especies de pan y vino, siendo así que Jesucristo está presente en cuerpo y sangre, alma y divinidad en el pan solo y en el vino solo? ¿Contiene una pequeña partícula del pan consagrado todo el cuerpo y la sangre de Jesucristo, o sólo una parte de ellos? Si el vino se agria y la hostia se corrompe y se desmenuza, ¿continúa Jesucristo estando presente bajo las especies como Dios y como hombre?

11.5.08

Descripción del kimono de Samuel Tesler (Adan Buenosayres-Leopoldo Marechal)


Dicho lo cual el filósofo se sentó en un larguero de la cama, buscó afanosamente sus zapatillas y al ponerse de pie sufrió un cambio digno de su mudable naturaleza: el torso gigantesco de Samuel cnocluía en dos cortas, robustas y arqueadas piernas de enano. Al mismo tiempo el quimono chino que lo envolvía manifestaba todo su esplendor. Y ha llegado al fin la hora de que se describa tan notable prenda, con todas sus inscripciones, alegorías y figuras, porque, si Hesíodo cantó el escudo del atareado Hércules y Homero el de Aquiles que desertaba, ¿cómo no describiría yo el nunca visto ni siquiera imaginado quimono de Samuel Tesler? Si alguien adujera que un escudo no es una ropa de dormir, le diría yo que una ropa de dormir bien puede ser un escudo, como lo era la de Samuel Tesler, paladín sin historia, que a falta de corcel jineteó una cama de dos plazas y cuya sola caballería fue un sueño tenaz con que se defendió siempre del mundo y sus rigores. El quimono era de seda color amarillo huevo, y tenía dos caras: la ventral o diurna y la dorsal o nocturna. En la cara ventral y a la derecha del espectador se veían dragones neocriollos que alzaban sus rampantes figuras y se mordían rabiosamente las colas; a la izquierda se mostraba un trigal en flor cuyas débiles cañas parecían ondular bajo el resuello de los dragones. Sentado en el trigal fumaba un campesino de bondadosa catadura: los bigotes chinescos del fumador bajaban en dos guías hasta sus pies, de modo tal que la guía derecha se atase al dedo gordo del pie izquierdo y la guía izquierda al dedo gordo del pie derecho del fumador. En la frente del campesino se leía la empresa que sigue: "El primer cuidao del hombre es defender el pellejo". El área pectoral exhibía a un elector en éxtasis que depositaba su voto en un cofre de palo de rosa lustrado a mano: un ángel gris le hablaba secretamente al oído, y el elector lucía en su pecho la siguiente leyenda: "Superhomo sum!". En la región abdominal, y bordada con hebras de mil colores, una República de gorro frigio, pelo azul, tetas ubérrimas y cachetes rosados volcaba sobre una multitud delirante los dones de una gran cornucopia que traía en sus brazos. A la altura del sexo era dado ver a las cuatro Virtudes cardinales, muertas y llevadas en sendos coches fúnebres al cementerio de la Chacarita: los siete Pecados capitales, de monóculo y fumando alegres cigarros de banquero, formaban la comitiva detrás de los coches fúnebres. En otros lugares de la cara ventral aparecían: el preámbulo de nuestra Constitución escrito en carácteres unciales del siglo VI; los doce signos del Zodíaco representados con la fauna y la flora del país; una tabla de multiplicar y otra de sustraer, que resultaban idénticas; las noventa y ocho posiciones amatorias del Kama Sutra pintadas muy a lo vivo, y un anuncio del Doctor X, especialista en los males de Venus; un programa de carreras, un libro de cocina y un elocuente prospecto del "Ventremoto", laxante de moda. La cara dorsal o nocturna del quimono, la que Samuel Tesler exhibía cuando se daba vuelta, lucía el siguiente dibujo: un árbol cuyas ramas, después de orientarse a los cuatro puntos cardinales, volvían a unirse por los extremos en la frondosidad de la copa. Alrededor del tronco dos serpientes se enroscaban en espiral: una serpiente descendía hasta esconder su cabeza en la raíz; ascendente la otra, ocultaba la suya en la copa del árbol, donde se veían resplandecer doce soles como frutas. Cuatro ríos brotaban de un manantial abierto al pie del árbol y se dirigían al norte, al sur, al este y al oeste: inclinado sobre el manantial, Narciso contemplaba el agua e iba transformándose en flor.

[Disculpá la copia, Nati, pero a mí también me gusta esta parte.]

Instead of suns


[Fotógrafa: Lola Gómez]

[Pierna: mía]

Domingo (Tove Ditlevsen-Traducción de Francisco J. Uriz)


Nunca ocurre nada los domingos.
Nunca encuentras un nuevo amor en domingo.
Es el día de los infelices.
Día de pensión o día de familia.
Las horas más dolorosas de la amante
cuando se imagina a su amado
con sus hijos en las rodillas
mientras su mujer, sonriente,
entra y sale con tentadoras bandejas.
Un día maldito.

Alguna vez tuvo que haber sido diferente.
¿Por qué si no tendríamos todos
que esperar con ansias el domingo durante toda la semana?
¿Quizá cuando íbamos a la escuela?
Pero ya entonces las campanas sonaban
compungidas y grises como lluvia y muerte.
Ya entonces las voces de los adultos
eran débiles e insonoras como si buscasen a tientas
y en vano las palabras dominicales.

El olor a humedad y a pan mohoso,
a sueño, botas de goma y achicoria
ya subía entonces por la escalera
y la calle, que estaba dura, vacía y diferente
de una manera desolada ­
El olor dominical nos forraba
con la gruesa capa de la decepción
que sigue a una expectativa
sin meta específica.

Pero, entonces ¿cuándo? En un lugar anterior a la memoria
hubo felicidad, una expectativa irresistible
que todavía nadie había sido capaz de defraudar.
Entonces las campanas significaban que papá estaba en casa,
el bigote, las negras cejas y el olor a tabaco mascado
estaban allí y allí quedaban, en un lugar cercano,
y quizá la risa de tu joven madre
sonaba más alegre que los otros días.

Es domingo. Tú nunca encontrarás
un nuevo amor ese día.
Estás sentada en el cuarto de estar
apabullada y rígida como una figura de cartón
a los ojos de los niños.
Escarban con los pies
y se pelean sin energía.
«Deberíamos hacer algo», dices.
«Sí», dice una voz detrás del periódico.
Entonces os calláis los dos, porque todo lo que tenéis ganas
de hacer es oculto y secreto
y sería inaceptable para el otro.

Las campanas de la iglesia suenan. Las narices de los niños
se llenan de desesperanzado olor heredado.
Sobre sus dulces rostros se desliza
una fealdad pasajera.
Una luz marchita
nace en sus ojos.

Pero todos esperamos el domingo
toda la semana, toda nuestra vida,
esperamos la ilusión de cientos
de largos domingos vacíos, agotadores.
Día familiar, día de pensión,
el infierno de los amantes secretos.
Ese día en que la nauseabunda grisura de los adultos
impregna a los niños y establece
la incomprensible melancolía dominical de los años venideros.

8.5.08

Racismo en un baño público de la UNC.

"Agarrás a todos los negros de mierda (no se especifican las características que harían del negro un negro de mierda). Los dividís en dos grupos. Una mitad se come a la otra mitad. Se repite la operaciòn hasta que quede un solo (y sólo uno) Gran Negro de Mierda. Le hacés comer la mierda. Una y otra vez. El caos retroalimentado. Cremación de los restos del GNM. Inodoro espiralado. Ilusión espiralada de agua. Mucha melanina en la arquitectura de las cañerías."

[Las anotaciones entre paréntesis son agregados del compilador, y la alusión a la melanina podría denotar un racismo del tipo colorimétrico].

4.5.08

Nueva Gramática Castellana (Primer usuario)

hermanos wowowowowowow

hola bien duilio lindo amigo si bien
fotolog mucho as amigo grande for duilio la amor
si amigo muchos duilio bien
wowowoowowowowowowwowowowowowowwoowwowo

[La NGC (Nueva Gramática Castellana) se puede adquirir sólo haciendo click aquí.
Para conservar la salud mental hay que evitar exponerse a las fotos. La cuestión gramatical está sólo debajo de las mismas.]

Existencialismo New Rave (No es ficción)

.
*





para ke eztamOz en la vidaa?*

para ke exiztimOz?*

para ke vivimOz, krezemOz, eztudiamOz i trabajamOz

zi dezpuez mOrimOz i nadie

ze va a akOrdar de nOzOtrOz?*

exizte la verdad?*








NOZOTROZFILOZOFAMOZ (sic).

[Si querés ver lo que es el verdadero existencialismo, fijate acá]
Hay que ser hija de puta...