[Advertencia: para su mejor intelección, el lector debería, si no se es un estudioso de Shakespeare, releer (o leer) la escena I del acto V, luego la presente escena y luego la escena II; que es la última en la que vive Hamlet, como lo vaticina mientras da sus datos al banco de Suiza. En el caso en que el lector sea lo suficientemente apático o perezoso para hacer esto, la escena I es la del cementerio, en la que Hamlet tiene un acceso de existencialismo escatológico (que será el retomado en el presente injerto) al tomar dos de las calaveras que encuentra en el cementerio (una de las cuales es de Yorick, un conocido que detona la conciencia de la finitud humana). El injerto se insertaría justo en el punto en que Horacio y Hamlet vuelven del cementerio. La escena siguiente es en la que tiene lugar la contienda entre Laertes y Hamlet y en la que Hamlet, junto con casi todos menos Horacio, a razón de ser el heredero de la cuenta en Suiza de Hamlet y el único testigo de la tragedia, mueren envenenados o agujereados.]Una sala en el castillo.
Entran Hamlet y Horacio.
Hamlet.- Faire une promenade pour le cementerio me conduce hacia los lúgubres pasillos del existencialismo... ¡Oh!
Horacio.- ¿"Faire une promenade"? ¿Es que te empeñas en disfrazar el pragmatismo inglés desmantelando nuevos existenciarios? El existencialismo francés te amanera... La manière, la manière...
Hamlet.- ¡Oh, l´être pour la mort! ¡Oh!
Horacio.- Je suis, tu es, il est...
Hamlet.- ¡Nous sommes!
Horacio.- ¡Oui!
Hamlet.- ¡Oh, posibilidad radical! ¡Oh, conciencia de la finitud! ¡Oh!
Horacio.- Algo huele mal en Dinamarca...
Hamlet.- (Fregándose el vientre) La muerte me doblega el estómago...
Horacio.- (Fregándose la nariz) ¡Es inmundo! ¡Huele como el cráneo de Yorick!
Hamlet.- (Con aire de autosuficiencia) Ciertamente, mi querido Horacio. El Demiurgo me ha vaticinado el hedor del infierno, los gusanos de la putrefacción, el destino gastrointestinal de los restos...
Horacio.- Tu le dices a Laertes, te quejas de sus exageraciones en el marco de la muerte de su hermana, Ofelia; diriges "La Ratonera" amonestando a los bufones a causa de la falta de naturalidad en su actuación... ¿No reparas, mi buen señor, en la exageración que sugiere tal comparación? ¿Eh?
Hamlet.- (Dubitativo) ¡Piensas acaso que los restos de Yorick huelen peor que mis ventosidades?
Horacio.- (Exacerbado) ¡No! ¡De ninguna manera! ¡Es al revés, es al revés!
Hamlet.- (Frotándose el mentón) Eso es porque te encuentras demasiado cerca de mi destino... quiero decir... de mi jurisdicción putrefactaria...
Horacio.- (Escandalizado como un francés) ¡Neologizas como un alemán!
Hamlet.- ¡Oh, vano insensato, verdad de perogrullo, tautología digestiva! ¡"Neologizar" es un neologismo!
Horacio.- (Con actitud filosófica presocrática) El discurso debe corresponder formalmente con la intención...
Hamlet.- (Sarcásticamente) ¡Es eso, mi querido amigo, lo que te han corregido en el Trabajo Práctico de ayer!
Horacio.- Ciertamente, mi ventoso señor, manifestación irreductible de los restos de una sopa de porotos...
Hamlet.- Garbanzos, mi regular amigo.
Horacio.- Promocional, promocional... Sólo me falta recuperar el práctico del que hablabas...
Hamlet.- No cantes victoria, agudo olfato canino.
Horacio.- ¡Oh! ¡Por Dinamarca! ¡Te has cagado nuevamente!
Hamlet.- (Compungido, aunque sin dejar de ser un reproche ) Disculpa, imperfecto servidor de mi amistad. (Líricamente) La obscura proximidad de mi muerte, calaveras cual parque de diversiones de gusanos blancos, sombras nocturnas que parecen esquizofrenias que moldean mi razón como el fuego al PVC, cuervos que acechan mi fortuita e inestable vitalidad... ¡Oh!
Horacio.- ¿Qué ha sucedido?
Hamlet.- Mi ventoso destino me ha ofrendado como si en mi persona residiera la divinidad. ¿Serán mis ropas interiores el receptáculo de tales ofrendas? ¿Serán los restos, por ventura, ruidos intestinales? ¿Ventosidades silenciosas?
Horacio.- ¡Oh, precisa palabra que has vociferado: "RECEPTÁCULO"!
Hamlet.- Discúlpame un instante, querido y pulcro amigo, que no soportas mi destino... iré inmediatamente a cambiarme el altar... quiero decir... las ropas ofrendadas. ¡Oh, intercambiables rituales, herejes de onomatopeyas febriles!
Horacio.- Ve, por favor. Te lo agradezco. (Aparte) Toda Dinamarca te lo agradecerá, si persistes en tales manifestaciones de fe. (Abriendo la ventana) ¡Oh, destino putrefacto, que persistes aun en el aire circulando!
[Continuará]
Sergio A. Iturbe (en el papel de Shakespeare...)
09/07/08



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